El trastorno bipolar es una enfermedad cerebral en la que se produce una alteración de los mecanismos bioquímicos que regulan las emociones y el humor. Las personas que lo padecen experimentan cambios inusuales en el estado de ánimo, en la percepción de la energía y en la conducta. No se trata de una imperfección del carácter, de una debilidad personal o de algo que se pueda resolver autónomamente.

Las “subidas” y las “bajadas” son diferentes de las que experimentan la mayoría de las personas. Se llaman fases de manía o de depresión y pueden llegar a ser tan graves como para requerir la hospitalización. El trastorno bipolar se manifiesta, por tanto, en episodios (maniacos, depresivos, mixtos) recurrentes, que pueden alternarse con épocas de normalidad de ánimo (eutimia). Además, también son frecuentes los periodos en que aparecen síntomas, aunque estos no cristalicen en un episodio.

Se puede lograr una estabilización gracias a tratamientos farmacológicos apropiados y a terapias psicológicas, sobre todo psicoeducativas, de modo que es posible alcanzar una buena calidad de vida.

El consumo de drogas (incluyendo el alcohol) puede actuar como precipitante del trastorno bipolar y entorpece su evolución.

El trastorno bipolar es una enfermedad que genera una carga importante sobre el paciente, su familia y la sociedad. Pero de nuevo esto es reflejo de considerar el conjunto de los pacientes de forma global y no se puede generalizar. Hay un bajo porcentaje de casos (menos de la cuarta parte) que se asocian con esta elevada discapacidad que conlleva incluso una incapacidad para el trabajo. Sin embargo, en otros casos no es así. Esta enfermedad, como todas, tiene sus rangos de gravedad que provocan un grado variable de discapacidad.

Una vez que debuta el trastorno bipolar, tras sufrir el primer episodio, el riesgo de recaer si no se sigue el tratamiento es muy alto. El consumo de drogas también favorecerá la recaída. Es decir, el trastorno bipolar es un trastorno crónico y recurrente.

Crónico no significa que se sufran de forma constante los síntomas o los episodios se sucedan sin periodos de eutimia, por el contrario, en muchos casos, con el tratamiento adecuado se pueden controlar los síntomas y alcanzar la estabilidad. Pero sí es crónico en el sentido de que los síntomas reaparecerán más tarde o más temprano si se abandona el tratamiento o se consumen drogas.

El tratamiento farmacológico es el tratamiento necesario e imprescindible que ha demostrado ser eficaz en el control de los síntomas y en la prevención de recaídas. Además, hay otras medidas que deben adoptarse para mejorar la evolución de la enfermedad. Son útiles los abordajes psicológicos como la denominada psicoeducación, que consiste en conocer más adecuadamente el trastorno, los precipitantes, la necesidad de tratamiento, cómo llevar un régimen de vida que permita afrontar el estrés, evitar la falta de sueño, etc. En el caso de que exista una adicción además del trastorno bipolar, es necesario un tratamiento integrado en el que se incluyan ambas enfermedades desde diferentes abordajes.


¿Qué papel juega la familia en la recuperación de la persona con trastorno bipolar?

El papel que juegan los familiares y allegados es fundamental y, por lo tanto, deben conocer en profundidad lo que supone el trastorno bipolar.

Los síntomas de los episodios tanto maniacos como depresivos son característicos de cada paciente y es importante reconocerlos desde el inicio por parte de la familia, para poder aconsejarle que acuda a su psiquiatra de forma temprana.

También pueden jugar un papel relevante en ayudar al paciente a realizar la toma de medicación de forma adecuada, sobre todo cuando el paciente no es tan consciente de la necesidad de éste.

También juegan un papel de estímulo y ayuda a la hora de diseñar una estrategia para llevar a cabo las condiciones de vida más adecuadas para el paciente.

El paciente bipolar tiene un mayor riesgo de realizar movimientos económicos que le supongan un grave perjuicio, por lo que los familiares pueden aconsejarle a tomar medidas que impidan que pueda disponer de mucho dinero si se produce una recaída.

En definitiva, el conocimiento de la enfermedad y los síntomas puede ayudar a los familiares a tomar medidas, consensuadas con el paciente durante los periodos de eutimia, para favorecer la estabilidad y evitar consecuencias no deseadas que se puedan producir durante los episodios.

Referencias:

  • Guía interactiva para pacientes con enfermedades de larga duración: trastorno bipolar. Forumclínic, 2009
  • Afrontando el trastorno bipolar. Guía para pacientes y familiares. José Manuel Montes. Hospital Sureste de Madrid, 2009.