¿PODEMOS PREVENIR LA VIOLENCIA?

por Admin

Publicado el 16/09/2016



La proliferación de la violencia en nuestra sociedad ha influido en el aumento de investigaciones dirigidas a conocer las causas que la generan para combatirla. Algunas líneas de investigación se centran en la neurofisiología de los comportamientos violentos, sin olvidar la influencia del ambiente y el proceso de socialización de la persona.

La proliferación de la violencia en nuestra sociedad ha influido en el aumento de investigaciones dirigidas a conocer las causas que la generan para combatirla. Algunas líneas de investigación se centran en la neurofisiología de los comportamientos violentos, sin olvidar la influencia del ambiente y el proceso de socialización de la persona. Algunas investigaciones se centran en los resultados de los estudios de Cleckley(1976) y Hare (1991), donde se proponen los criterios diagnósticos para el trastorno de la personalidad psicopática, que resultan más amplios e integradores, y que abarcan dos factores diferenciados: el deterioro de la afectividad y de las relaciones interpersonales, por un lado, y el estilo de vida antisocial e inestable, por otro. Ambas clasificaciones han considerado la relación entre los rasgos de personalidad y el desempeño neuropsicológico, de hecho numerosas investigaciones han supuesto que las alteraciones cognoscitivas son un importante factor de riesgo para el desarrollo de comportamientos antisociales y violentos. Diversas teorías han postulado principalmente una base cortical (Raine, 2002), particularmente de las regiones prefrontales para ese desorden, mientras que otros han propuesto una disfunción del septum y el hipocampo además del lóbulo frontal (Arnett, Smith, & Newman, 1997; Newman, Gorenstein, & Kelsey, 1983).

 

1. Existe un incremento en la activación que interfiere con la habilidad de pensamiento.

2. Disminuye la habilidad para inhibir los impulsos.

3. Deteriora procesos mentales básicos como la concentración, la atención y la memoria.

4. No permite la adecuada interpretación de eventos externos.

En particular, psicópatas y no psicópatas difieren en la forma en la que se dirigen con las normas sociales, aunque el rasgo de afectividad se considera central y sirve para diferenciar a las personas aquejadas por este trastorno del resto de los delincuentes no psicópatas, que al menos poseen una cultura delictiva con la que se pueden identificar y que son capaces de funcionar adecuadamente dentro de su grupo, manifestando lealtad, sentimientos de culpa y afecto.

 

Pero, ¿podemos prevenir la conducta violenta y la psicopatía con un adecuado aprendizaje? Muchos expertos opinan que esto es posible, y que educar en “habilidades para la vida es decir, una serie de destrezas en el ámbito social, emocional y ético, que complementan y optimizan las habilidades cognitivas e intelectuales“, puede ser clave para ello.