Al igual que las drogas como el alcohol, la cocaína, el hachís, etc., hay conductas que producen similares consecuencias, son las llamadas adicciones sin sustancia, adicciones no químicas, adicciones sociales, de conducta, socioadicciones, adicciones psicológicas… Entre ellas podemos encontrar la ludopatía o juego patológico, la adicción a las nuevas tecnologías (Internet, móvil…), a las redes sociales, al trabajo, las compras, el sexo, etc.

Cualquier conducta o afición desmedida puede llevar a una relación de dependencia. Como señalan Echeburúa y Corral (2009), la adicción viene señalada no tanto por la frecuencia de uso, sino por la relación de dependencia que crea, con pérdida de control del sujeto sobre su conducta y una importante interferencia en su vida cotidiana.

En definitiva, la dependencia a una conducta (redes sociales, móvil, juego…) está ya instalada cuando hay un uso excesivo asociado a una pérdida de control, aparecen síntomas de abstinencia (ansiedad, depresión, irritabilidad) ante la imposibilidad de realizar la conducta, se establece tolerancia (es decir la necesidad creciente de aumentar el tiempo de realizar la conducta para sentirse satisfecho) y se producen repercusiones negativas en la vida cotidiana.

Es importante prevenir la aparición de este tipo de problemáticas a través de un uso responsable y aprender a relacionarnos con aquellas situaciones u objetos que tienen un potencial adictivo de una forma adecuada, evitando que nos sobrepase (la pérdida de control se aprecia, entre otros aspectos, en el tiempo que se invierte realizando la conducta o pensando en ella). Como estrategias preventivas podemos mencionar la educación en un ocio saludable o en valores prosociales, sin olvidar que padres y educadores somos un modelo a seguir para la población infantil y juvenil.

Las adicciones sin sustancias tienen tratamiento y suelen tener una evolución favorable en la mayoría de los casos, si bien dicha evolución va a depender de muchos factores, entre otros de la gravedad y de la consolidación de la conducta adictiva.

Al igual que ocurre en las adicciones al alcohol o a otras drogas, resulta fundamental el apoyo de los familiares más próximos en el proceso de tratamiento, especialmente en sus primeras fases hasta que se consiga un mínimo grado de autocontrol por parte de la persona adicta, ya que ello va a hacer que la evolución sea más rápida y segura. Las recaídas, cuando se producen, constituyen también un factor a tener en cuenta para que la persona aprenda a retomarlas y a prevenirlas en un futuro, estabilizando poco a poco la situación de abstinencia.

(Fuente: http://www.madridsalud.es)